viernes, 13 de febrero de 2009

Historia

Supongo que cuando la inspiración llega hay que aprovecharla, y aunque no resulte bien hay que jugar. Esta historia no es la mejor, ni la más bella, de hecho no se ni siquiera si quiero publicarla.


¿Cómo comenzar una historia sin que suene a cliché?, ¿Cómo comenzar a escribir sin demostrar la tristeza?, ¿Cómo contarte lo ocurrido sin tener que hundirme en mi alma y recordar?. Supongo que no hay respuesta a mis preguntas y solo debo dejarme llevar, y escribir como lo vaya recordando, guiado por la pulsera en mi muñeca que me recuerda aquellos días.

No recuerdo que día habrá sido, y lo primero que ví fue el celular bajo mi almohada, no preste atención a las llamadas perdidas, eran varias, supongo que las de seimpre, un par de amigos para invitarme a alguna fiesta, un par de amigas que quieren ser algo más, uno que otro compañero invitandome a una reunión o pidiendo una opinion o consejo. En fin, solo las borré sistematicamente y me quede tumbado unos instantes depués de averiguar que eran casi la una de la tarde. Al poco rato mi hermano entró en la habitación y me dijo q tenía diez minutos para bañarme y vestirme porque era hora de almuerzo.

Me levante como de costumbre me sente un par de minutos en la cama, luego me duché me lavé los dientes (como cada vez que salgo de la ducha) y me vestí, colgué la toalla en la parte posterior de la casa y fui al comedor. Fue un almuerzo normal, la familia hablaba sobre los programas de farándula, salvo mi madre, quien se concentraba en retarme porque era la enesima vez que me levantaba a la hora de almuerzo. Fue un almuerzo normal, con las mismas personas de siempre, cuando el tema de sobremesa se centró en mi flojera vi a una chica cruzar por delante de la ventana de enfrente, la que daba a la calle del mirador (que por suerte quedaba a unos metros de mi casa). No sabía quien era, y creo que ni siquiera me vió, pero había algo especial en sus ojos, algo que eh visto muy pocas veces, y por desgracia todas aquellas historias no han terminado bien, pero creo que me estoy alejando de la historia que te comencé a contar.

Me levanté de la mesa ignorando las palabras de todos, fui a mi habitación, tome la cajetilla de cigarrillos abierta sobre el velador y un ensayo que quería traducir, en realidad solo buscaba una razón para sentarme en la terraza y la chica de ojos misteriosos me preguntaba que estaba haciendo. Sin embargo no volví a verla en toda la tarde y entrada la noche llegaron al mirador los viejos amigos de siempre, para variar llevaban unos tragos, pero yo no quería beber, no por que no me gustará beber, ni mucho menos porque me desagradará la compañía, simplemente después de mi última borrachera decidí dejar de beber por un tiempo. La conversación fue rutinaria, como había estado el día, como estaba la familia y cosas sin importancia. En realidad mis amigos no me importaban mucho en ese momento, solo quría ver a la chica de la tarde.

A eso de la una de la mañana recordé que había quedado en traducir unas historias de rol por telefono. No era buena paga, pero no tenía otra forma de obtener un poco de dinero para fomentar mis vicios. El resto de la noche no fue entretenida, estube las siguientes cinco horas traduciendo textos por telefono (Aún me asombra que hasta hace algunos años yo jugará con esas fantásticas historias). Me acoste cuando el sol comenzaba a tocar mi ventana y por algunos minutos me puse a pensar en quien podía ser aquella chica, luego me dormí.

La mañana siguiente fue caótica, algunos familiares volvían a la capital y mis padres insistieron en que me despertara a despedirme. De mala gana me pare de la cama, repartí hipócritas abrazos y besos, en realidad me importaba muy poco lo que pasará, la noche fue larga y el sueño tortuoso.

Después de almorzar me junte con mis amigos en el otrora bosque (aquel en que más de una vez bebí hasta no recordar donde estaba), ahora convertido en plaza, quienes jugaban baseball, yo no jugaba hace años, pero la chica de ojos misteriosos estaba sentada en un tronco (puesto a modo de banco), le pregunté como se llamaba y le pedí que me cuidara algunas cosas, era la primera vez que le entregaba mi celular a una persona virtualmente desconocida, conversamos un rato durante el juego y me enteré que nos habíamos conocido muchos años antes, el paso de los años había logrado que olvidara su cara, y espero que eso no me vuelva a ocurrir. La tarde transcurrió con normalidad, en la tarde-noche volví a mi casa, quería ducharme y comer algo. A eso de las nueve salí nuevamente y nos juntamos en la terraza de una amiga a jugar escrúpulos (si no mal recuerdo) y una vez terminado el juego quisierón jugar a la escondida, era recordar el pasado, eran las mismas cosas que haciamos hace siete u ocho años. Yo no quise jugar, realmente no quería correr luego de haberme duchado, y la chica de ojos misteriosos tampoco jugó, me contó el porque, pero no es algo que sea influyente para esta narración. Consideré oportuno invitarla a jugar pool a la mini mesa de mi terraza, aquella que ma había dado años de diversión y ahora me bridaba la oportunidad de conocer mejor a la chica mas bella que encontraba en mucho tiempo.
Ella no sabía jugar, así que como caballero que soy me ofrecí a enseñarle, nos divertimos durante algún tiempo y luego nos juntamos con el grupo. La noche fue buena, estaba tranquilo y se podían ver las estrellas. A eso de la una de la mañana nuevamente tenía q trabajar pegado al celular. Esta vez trabajé menos, pero también dormi mucho menos, simplemente me quede pensando en mi cama.

A la mañana siguiente fue mi padre quien me despertó, me dijo que me vistiera rápido porque iríamos a pasar el día en una playa cercana. No lo pensé en el momento pero despues me arrepentí, tendría que estar todo el día sin hablar con ella.

El tiempo pasó más lento que nunca y por primera vez desde que recuerdo, fui yo el primero en pedir volver a la casa estando en la playa. Esa noche había fiesta, un conocido se hiba a la mañana siguiente y su despedida debía ser memorable, yo seguía empeñado en no beber, esa noche cumplía dos semanas sin ingerir nada de alcohol. La fiesta era normal salvo por mi postura de no bebedor. Nuevamente el trabjo de llamó, odiaba abandonar la fiesta y dejarla a ella ahí, pero el sujeto al otro lado de mi celular pagaba mis cigarrillos. Esa noche trabajé más de lo que tenía q trabajar y al terminar le rogué que me dejara libre la noche siguiente. El accedió de mala gana pero en el fondo accedió.

Mi madre pese a todo me había ofrecido una suma nada despreciable a cambio de encerar la casa, asi que esa noche practicamente no dormí. La mañana fue larga, nunca pensé que hacer aseo fuera tan complejo, pero estaba empeñado en terminar lo antes posible para poder verla a ella. Terminado el trabajo me dirigí a la plaza, donde estaba ella sentada. No quisé jugar baseball enparte por el cansancio en los hombros despues de encerar, pero más que nada porque sabía que sería mi último día con ella, aunque no quería, nuevamente me estaba enamorando y al parecer nuevamente la distancia sería un impedimento. Use me cansancio como razón para no bajar a la playa, y por primera vez en años rogaba un milagro, y que ella tampoco bajara. No se si existirá un “dios”, pero si existe no le caigo mal del todo porque ella no bajo a la playa tampoco.

Estuvimos toda la tarde en mi casa, había más gente pero estubimos mucho tiempo juntos, no conversamos mucho, solo una complicidad en las miradas (al menos así lo creo) mientras sonaban canciones, cuyas letras no podían ser mejores para el momento. Me llamarón a cenar por lo que todos se fueron de mi terraza. Comí lo más rápido posible y me paré de la mesa. Salí a la calle y ella comentó que quería bajar a las ferias artesanales, yo le insistí en que bajaramos, de paso compraría cigarrillos (quemo los últimos mientras escribo estas líneas), ella dudó un momento, así que traté de convencer más gente que bajará. El único que se dispuso a bajar fue un conocido, el mismo que habíamos despedido la noche anterior pero por cosas del destino se qudó una noche más. Aquí surge quizas el mayor problema de todos, al parecer el sentía cosas similares por ella y al bajar no seríamos dos sino tres. La esperamos pacientemente y la tensión en mi solo se comparaba a la de hace tres años cuando jugué mi última final de volleyball. Al volver decidimos ir a sentarnos a una terraza vacía cuya vista daba al mar. Todo hubiese sido perfecto salvo por dos detalles, la noche era fría y nublada, y no estabamos solos. Las caras que desfilaron por delante mío realmente no me importaron.

A media noche todo el grupo estaba en la terraza y ella dijo que hiba a su casa porque despedían a sus padre. La acompañamos hasta la puerta, donde nos encontramos a su familia y nos invitaron a pasar. Era una animada tertulia y la mayoría de los presentes se encontraban bastante pasados de copas. La conversación era vanal y las tallas y bromas a costa nuestra eran frecuentes de su padre. Una prima en algún momento comenzó a hablar de literatura (a esas alturas yo había abandonado mi postura de no bebedor), era un campo en el cual me manejaba bastante bien, por lo que dijo no le caí mal, en ese momento agradecí las horas que había pasado leyendo. Mis gustos fueron de su agrado y en algún punto la conversación giró. Ella comento que había vivido en Alemania por algún tiempo y yo tuve la brillante idea de preguntar por que volvió. Su familia rió y yo comprendí que casi arruino todo lo bueno que había dicho anteriormente. Fue entonces cuando alguien preguntó abiertamente que queríamos estudiar y posteriormente si sabiamos algún idioma. No pensé el efecto que produciría el decir que hablaba ingles, aunque no muy bien (es en este punto donde agradesco las clases de cubano). Inmediatamente comenzó lo que ante todos era una amena conversación en una lengua extranjera, sin embargo fue un interrogatorio más que difícil, probablemente nadie comprendió la conversación del todo, pero cuando volvimos a hablar español su padre me preguntó como se decía yerno, esto al principio me chocó, pero entendí que no lecaía mal, o al menos eso demostraba. La conversación siguió amenamente, salió a colación el tema del teatro, curiosamente siempre eh disfrutado del mundo de las tablas y por esas cosas del destino el teatro era el orgullo familiar, al punto de tener una compañía propia y ser anfitriones de un festival en su ciudad natal. La hermosa chica sentada a mi lado repitió un monólogo de una obra que yo no conocía, pero estaba escrito pulcramente y el movimiento de sus labios me himnotizó. La conversación fue más agradable de lo que esperaba y cuando me dieron las dos debía retirarme, me despedí de todos mis amigos de infancia y de su familia.

Al despedirme de ella en su terraza me hubiese gustado darle un beso eterno, pero no había ambiente para ello. Creí que el sueño había terminado, pero me dijo que me iría a dejar a mi casa. Al bajar la escalera su prima me dijo en inglés que ella la autorizaba para hacerlo, rudimentariamente, con mi inglés de colegio le agradecí lo mejor que pude. Cuando hibamos caminando recordé que ella me había pedido de regalo mi gorro. No pense que fuera tan fácil separarme de él, mal que mal me había acompañado los últimos diez años. Llegamos a la puerta de mi casa le hice prometer que cuidaría de mi regalo (el simple hecho de saber que al ver el gorro me recordaría era suficiente para desprenderme de el) y trate de convencerla de prometer volver el próximo año. Por primera vez en toda la noche, la luna se mostro por entre las pobladas nubes. Y el beso que siguió por lo menos para mí fue especial. Deseé morir en ese momento para tener la certeza de que mi vida terminaría a su lado. Ese momento fue perfecto, por primera vez en años pensé en apostar por una relación casi imposible pero a la vez perfecta, y esta idea me torturo durante horas, al punto de quedarme en mi cama acostado pensando en ella hasta las ocho de la mañana siguiente.

A eso de las 12 mi familia dijo que era momento de volver a nuestro departamento en Santiago, La llame por telefono para poder despedirme de ella, salio vestida cn un chaleco verde y una casaca celeste, como siempre se vaía hermosa y no se por que pero no pude darle otro beso (crreo que me estoy enamorando si es que aún no lo estoy, y el momento no encontré que fuera lo suficientemente romántico como para declararme), simplemente la abracé y le pedí que se cuidara.

Despues de eso volví a mi casa, terminé de ordenar y me subí al auto. No fuí capaz de mirar atrás, no quría ver como su casa se alejaba.

El viaje de regreso fue largo, y el único tema de conversación fueron las bromas de mi familia. La tarde fue triste, no pude dejar de ver sus ojos en mi mente, no quría olvídar la última semana.
Y es así qurido lector como termina mi triste historia. Debo confesar que mientras escribía no fui capaz de dejar de mirar la pulsera verde (como estas letras) y negro que me regaló, tampoco fuí capaz de evitar que una lagrima de tristeza corriera por mi cara y apagara mi cigarrillo. Supongo que en la suburbia tienen razón y soy demasiado débil como para tener una relación.

No se si escribí los acontecimientos en el orden correcto, solo se que los últimos días fueron realmente especiales, y trate de contarlos de la mejor manera posible.

Si has leído hasta acquí, realmente te lo agradesco. Se que como historiador no soy bueno, por no decir horrible, y espero no haberte aburrido mucho ni haberte hecho perder el tiempo.

Y si algo puedo concluir es que este es el mejor y peor catorce de febrero de mi vida.

1 comentario:

  1. EXCELENTE, me gustó mucho, me recuerda cuando hacía mi taller, bueno ahora sigo su blog.

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