Cierro la puerta tras mis pasos, el típico olor a nicotina entre mis dedos y el olor a alcohol en mi ropa se están volviendo muy frecuentes en mí. Quizás sea porque últimamente tengo más vicios, o al menos creo que los tengo al no poder dejar de pensar en ella. Aunque si tu también hubieses visto sus ojos, creo que no estarías muy distinto a mí.
Lo último que supe de ella, es que salió de viaje, que no regresaría pronto. Me pidió que no la siguiera, que no intentara llamarla o escribirle, que cuando pudiese hablar me lo haría saber. Pero cada día que pasa me cuesta más dejar de pensar en ella, casi como si mi subconsciente me obligase a tenerla presente, no olvidarla aunque sus palabras fueron lapidarias, si, esas que dejo escritas en un papel sobre mi cama mientras yo no estaba en casa.
Quizás si me hubiese dicho a la cara que se iría, podría haberla detenido, incluso haberla seguido hasta el fin del mundo, o a cualquier parte.
También dijo que se marchaba por mi bien, que mi futuro era brillante y ella solo me detenía, aunque para ser sinceros su simple recuerdo me amarra al pasado y a ese mugroso bar en el que termino casi todos los días.
Y así paso los días si no me quedo trabajando hasta tarde, me pierdo en los suburbios camino por pasajes, fumando y bebiendo.
Ah y antes que se me olvide, hace unos días recibí noticias de ella, aunque no sé si podré asistir a su funeral.
martes, 22 de septiembre de 2009
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